Este libro se adentra en uno de los desafíos más urgentes del desarrollo urbano en Chile: la segregación socioespacial. A partir del caso de Santiago, la autora analiza cómo las políticas habitacionales han dado forma a periferias marcadas por la desconexión y la falta de servicios, tensionando el tejido de la ciudad.
Junto con ofrecer un diagnóstico preciso, la obra propone estrategias de integración que van más allá de la vivienda, poniendo en el centro la calidad del espacio público, la conectividad y el protagonismo de las comunidades. Una mirada crítica y propositiva para repensar la ciudad desde sus bordes.